Luis Rodriguez Tudela

Un blog personal basado en tecnología

Hablemos de la transformación digital

Oímos hablar mucho de la transformación digital. Se lo escuchamos a políticos, a gurús de startup, lo leemos en noticias… se habla de ello como si fuese la gran panacea que necesitan todas las empresas pero ¿qué es exactamente?¿de verdad es tan necesaria para todo el mundo?
Vamos a empezar tratando de explicar en qué consiste esto. No es ni más ni menos que la integración de tecnologías digitales en todas las áreas de la organización, modificando profundamente su forma de operar  ofreciendo, de ese modo, un valor añadido a sus clientes. No es simplemente comprar un portátil mejor, en el caso de un autónomo, o de tener una mejor página web para una PYME. Se trata de una modificación de procesos, mentalidad y cultura. La verdad es que estas modificaciones deben provenir de una manera orgánica y natural de la propia introducción de la tecnología. Vamos a suponer que un comercial autónomo lleva su lista de clientes en una hoja excel. Quizá adoptar un sistema de relaciones con los clientes, como un CRM,  pueda generar un gran cambio que le ayude a gestionar mejor el contacto con potenciales compradores. O, en entornos más complejos, una pequeña empresa de mensajería podría usar un sistema de IA para diseñar rutas de reparto óptimas. Según un estudio publicado en CEMJP, la transformación digital puede mejorar la productividad de las empresas al aumentar su eficiencia y su rendimiento general. Con estos ejemplos podemos ver algunos de los beneficios de la transformación digital. El primero podría ser una mejora en la optimización operativa al tener la oportunidad de eliminar procesos repetitivos y optimizar el flujo de trabajo. También le podemos ofrecer a los clientes una experiencia más directa y, quizá, con una mayor personalización. Implementando elementos de IA y de big data las empresas pueden tener acceso a una toma de decisiones informadas y estrategias basadas en datos mucho más fiables.
Sí, en el párrafo anterior han aparecido palabras como inteligencia artificial, big data, optimización… y es que la transformación digital tiene sus propios retos y el primero es tener una mayor cultura digital. Es difícil poder hacer ningún cambio si no sabemos qué podemos o debemos modificar y, sobre todo, hacia dónde pueden ir esos cambios. Y es aquí donde fallan muchos de los planes que se hacen sin tener claro el rumbo o qué herramientas usar. No es fácil modificar una rutina y hacerlo sin conocer bien las herramientas o los posibles resultados puede llevar al fracaso del proyecto. Y es que una empresa es, al fin y al cabo, una forma de vida, y si está funcionando introducir cambios que no se sabe cómo pueden afectar al buen desarrollo, generará una resistencia. De entrada, toda modificación implica tiempo y dinero a corto plazo. Sin olvidarnos de otros riesgos, como el de la ciberseguridad, que se puede llegar a convertir en un verdadero dolor de cabeza si no se le presta la atención adecuada. También tenemos que tener en cuenta que toda tecnología emergente puede no ser tan efectiva como aparenta de entrada. Según Mckinsey el 89 por ciento de las grandes empresas del mundo han intentado implementar sistemas de IA, sin embargo solo han tenido un 31% de retorno de la inversión y un 25% de ahorro sobre los costes, esto sugiere que aunque la IA puede ser prometedora, su implementación no siempre garantiza el éxito financiero inmediato.

Además tenemos que reconocer que este tema no es para todo el mundo. Si eres un periodista freelance cuyo campo de trabajo es un nicho muy concreto es poco probable que puedas incluir ningún cambio. Lo mismo si eres una pequeña fotocopiadora de barrio. Tener una página web no sirve de mucho si no consigues que tenga visibilidad y para eso necesita tener actualizaciones continuas y un buen SEO que nos posicione en los buscadores. En muchos casos la presencia en internet se limita a ser una especie de tarjeta de visita digital.

Sin embargo, en muchos otros casos puede ser una transformación, como  el integrar sistemas en la nube que permitan dar mayor seguridad y disponibilidad a datos, o adoptar un gestor de flujos de trabajo que asienten la forma en la que los proyectos del día a día pueden suponer un gran avance. 

Como hemos visto, la transformación digital no es sencilla ni adecuada para todas las empresas, pero aquellas que puedan adaptarse primero a los nuevos cambios tendrán una ventaja competitiva sobre las demás en un mercado cada vez más global, abierto y tecnológico.

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